¿Qué opciones tengo si no soy un buen candidato?

Desear someterse a una rinoplastia y ser capaz de costearse la operación no nos convierte automáticamente en candidatos ideales para la intervención. Un buen cirujano plástico nos realizará un estudio en el que determinará si estamos preparados, tanto desde el punto de vista físico como psicológico, para pasar por una rinoplastia.

En caso de ser rechazados para la intervención, y dependiendo de las razones por las que nos hayan indicado que la operación no es conveniente para nosotros, podemos buscar solución en alguna de estas opciones:

  • Examinar nuestras expectativas: El cirujano puede denegar hacerse cargo de nuestro caso porque detecta que las expectativas con las que nos acercamos a la rinoplastia son demasiado elevadas y no se acercan a la realidad de lo que este tratamiento puede ofrecernos. En estos casos, deberíamos reflexionar sobre lo que estábamos buscando en realidad y plantearnos qué componentes sociales o emocionales nos estaban llevando a esta operación. Si encontramos que con la rinoplastia pretendíamos que nuestra vida emocional o social diese un giro de 180 grados o nos librase de nuestra inseguridad o del vacío existencial que sentimos, debemos plantearnos que la rinoplastia no puede ayudarnos a superar esos problemas y que debemos hacerlo nosotros mismos, con ayuda de nuestro entorno o de un profesional cualificado.
  • Esperar: Hay personas que intentan someterse a la rinoplastia a una edad muy temprana, por lo que el cirujano puede rechazar su caso, ya que el hueso de la nariz no está todavía desarrollado por completo y la persona puede no estar madura desde un punto de vista emocional. En estos casos lo único que se puede hacer es esperar hasta cumplir con la edad mínima, que suele ser quince años para las mujeres y dieciocho para los hombres. Si la persona se encuentra muy acomplejada y siente un gran malestar emocional por su problema estético, necesitará el apoyo de sus familiares y amigos y la ayuda de un psicólogo que le enseñe a sustentar su autoestima en otras facetas de su personalidad y a sentirse más seguro y a gusto consigo mismo.
  • Conseguir una mayor estabilidad emocional: Hay personas que desean someterse a una rinoplastia porque creen que ese cambio físico les ayudará a sobrellevar una mala época o les hará sentirse más felices y menos inseguros. También hay personas que, sin desear por ellas mismas realizarse una rinoplastia, se plantean someterse a ella por presiones de sus parejas, familiares o amigos o impulsadas por alguna crítica. Si el cirujano detecta alguna de estas situaciones, es posible que decida que la persona no es adecuada para pasar por esta intervención. Si éste es nuestro caso, debemos plantearnos que no es una rinoplastia lo que necesitamos para mejorar nuestra vida y dedicarnos a reflexionar y realizar cambios profundos en nuestra manera de percibirnos a nosotros mismos y relacionarnos con los demás. Si no somos capaces de realizar estos cambios por nosotros mismos, podemos buscar la ayuda de un profesional.
  • Aprender a tomar decisiones por nosotros mismos: Algunas veces los pacientes desean pasar por una rinoplastia porque sus parejas les han insistido en que estarán más guapas, porque alguien de su familia les presiona para ello o porque alguien de su grupo de amistades se ha hecho una rinoplastia y cree que haciendo lo mismo conseguirá la misma aceptación social. Ninguna de estas situaciones es razón suficiente para pasar por una operación quirúrgica complicada y con un postratamiento tan duro como la rinoplastia. Las personas en esta situación deberían pararse a escucharse a sí mismas para decidir qué es lo que quieren de verdad, aprender a expresarles a los demás sus deseos y derechos y conseguir que su opinión sea respetada.
  • Cuestiones de salud: Un cirujano puede rechazar a un candidato a la rinoplastia porque considere que no está preparado desde un punto de vista físico para pasar por la mesa de operaciones sin riesgos para su vida y su salud. Si éste es nuestro caso y la operación es muy importante para nosotros, podemos preguntarle al cirujano qué cambios podemos realizar en nuestra vida para estar más preparados para la operación (Por ejemplo, si nuestro problema es un sobrepeso importante que puede hacer que tengamos problemas en la operación, podemos intentar reducir esos riesgos con dieta y ejercicios). Si nuestro problema consiste en alguna enfermedad que imposibilita la operación por resultar excesivamente arriesgada, debemos reflexionar sobre ello, darnos cuenta de que nuestra vida es más importante que nuestro aspecto estético y aprender a aceptarnos y a valorarnos tal y como somos. En ningún caso debemos mentir sobre nuestro estado de salud al cirujano para poder someternos a una rinoplastia ya que es nuestra vida la que está en juego.

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